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Cinco miembros de la banda de moteros Jaguars, detenidos por extorsión para cobrar una deuda

Barbas pobladas; tatuajes en brazos musculosos; chalecos donde lucir con orgullo sus colores; cuero; bandanas en la frente; música psychobilly y rock and roll; fiestas custom (motocicletas personalizadas al gusto del dueño); grasientas hamburguesas talla XL acompañadas de nachos y cerveza; atracción por las mujeres neumáticas y pasión por la esencia de la carretera, de la ruta -la U.S. Route 66, en un altar- y del rugido del motor de una Harley Davidson.El universo de las hermandades moteras o motoclubs tiene su espacio en L'Hospitalet de Llobregat. Sus colores rojo y amarillo despuntan en los bajos de un gris y ruinoso edificio -de cuatro pisos, esquinero, con un único vecino- ubicado en el número 23 de la avenida Josep Molins, en el barrio de Pubilla Cases, junto al antiguo Hospital de la Cruz Roja.
Se trata del club social de la entidad Jaguars Motorcycle Club, donde agentes de los Mossos d'Esquadra empezaron un registro a las siete de la mañana de ayer para recopilar posibles pruebas que puedan vincular al grupo con extorsiones por encargo. La policía catalana arrestó a cinco miembros, pero la cifra podría ampliarse a seis, ya que la operación sigue abierta.
En la intervención policial, realizada en la sede de la entidad de moteros y en el domicilio de su presidente, participaron la Unidad Central de Secuestros y Extorsiones y el Área Central de Crimen Organizado de los Mossos d'Esquadra. Algunos miembros del grupohabrían sido contratados para cobrar una deuda, según fuentes cercanas a un caso ayer todavía bajo secreto de actuación. Decomisaron bolsas y cajas con materiales como dos bates de béisbol.

Varios furgones de la policía autonómica y agentes con el rostro oculto se apostaron en las inmediaciones del Jaguars Motorcycle Club, un extremo que levantó curiosidad entre las madres de los estudiantes de la cercana escuela Puig i Gairalt. «Vivo al lado del local de los moteros desde hace 12 años. Raramente los he visto porque no lo usan demasiado. Recuerdo haber visto algún mediodía de sábado a un grupo de cuatro o cinco hombres comiendo pizzas que habían comprado en un restaurante cercano. Nunca han dado ningún problema ni han supuesto una preocupación para nuestra familia y vecinos, por lo que me sorprende la presencia de tantos policías», explica Esmeralda a las puertas del colegio. Juan Carlos Martínez regenta desde hace años un taller mecánico situado en la misma avenida que el club motero. Explica que «siempre me han llamado la atención las impresionantes Harley Davidson tipo chopper aparcadas en el chaflán en el que está el local. Casi siempre lo veo cerrado. A mi negocio nunca han traído sus motos. No se han metido en líos, que yo sepa».
Los Mossos precintaron la guarida de los moteros. Los colores vivos del local social de los Jaguars contrastan con el tono gris de la desconchada finca. Los Jaguars lo hicieron suyo en 2003. Sin licencia de bar, funciona como un club que abre en ocasiones excepcionales. Una asociación con entrada exclusiva para sus miembros -una quincena de hombres de entre 40 y 50 años de edad- y sus invitados. Como ellos mismos explican en su página web, es un club desde el que planificar la siguiente salida o evento y «estar de fiesta y escuchar la música que nos gusta». Están en L'Hospitalet porque muchos de sus miembros proceden de esta ciudad, «una de las de mayor tradición biker y rocanrolera en Cataluña desde siempre».
Si un desconocido con pinta y actitud rockera llamaba a su puerta, podía ganarse la entrada. «Si no te gusta la música que suena, ¿qué coño haces aquí?», inquiere en el interior del local un cartel colgado en una pared de color rojo y sobre dos bates de béisbol colocados en forma de uve. Según reza un mensaje publicado en su páginas web, «aquí seguimos estando. Somos como somos y no hay más cera que la que arde».

Fuente: elmundo.es

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